OLIVER SACKS: Un maestro en contacto con las drogas. Por Federico Pavlovsky


OLIVER SACKS: Un maestro en contacto con las drogas. Por Federico Pavlovsky

Una de los hechos que me resultan más interesantes de los grandes hombres es su debilidad ordinaria, su vulnerabilidad, sus puntos oscuros y grises, sus tentaciones. Aquellos aspectos que revelan que están hechos de carne y hueso y que son tan finitos y fugaces como el anodino extra de la escenografía vital. En el año 2012 presencie en Rio de Janeiro (Brasil) en el Congreso Brasileiro de Psiquiatría, la conferencia de uno de los más grandes personajes médicos vivos del ámbito de las neurociencias el Dr. Erik Kandel. Más allá de la conferencia y la emoción por ver a un hombre que nació en Austria, huyó de la Europa Nazi, que ganó el premio Nobel (2000), recuerdo como dato periférico otro evento menor pero que viene al caso. Durante los primeros siete o quizá diez minutos de la conferencia, Kandel se dedicó amorosa y detalladamente a agradecer a distintos representantes de la industria farmacéutica que habían colaborado con él; con el viaje a Brasil, con el hotel, con la cena de la noche previa, etc. Lo hacía porque quería y de manera espontánea. Pero yo no dejaba de pensar, si un premio Nobel de 90 años agradece de esta forma a la industria que queda para el medico promedio, para aquel que se sabe uno más. Para los médicos sin ese respaldo académico y sin esa autonomía que al menos en la teoría brinda la fama mundial. Kandel es una figura maravillosa y lo será siempre, pero en ese momento también sentí, a propósito de él, aquello que quiero compartir a raíz de un fragmento de la vida de otro gran hombre, Oliver Sacks. Siento que más allá de la dimensión del hombre, terminamos agradeciendo y experimentando temor frente a las mismas cosas. Hombres simples y hombres extraordinarios, unidos por los mismos fantasmas, ambiciones y demonios. El médico neurólogo ingles Oliver Sacks (1933-2015) es una de las figuras más interesantes y complejas en el mundo de la medicina, y sus libros, han acercado a millones de lectores al mundo de la neurología y sus misterios. Atraído desde joven en lecturas como “El origen de las especies” de Darwin o las autobiografías de Von Humboldt, era un estudiante de medicina incómodo con el statu quo de la formación médica: estudiar novedades o hechos acontecidos hace menos de cinco años, anulando en líneas generales la historia y el contexto en donde surgen los conocimientos. Sacks fue un médico que trabajó desde una perspectiva narrativa y biográfica, así atendió pacientes, estudio y escribió. Aficionado a las motos (su foto juvenil montando una potente BMW R60 fue comparada con la postal de Marlon Brando en la película “Salvaje”), a la botánica, al piano, fisicoculturismo y al alpinismo (en donde a los 41 años sufrió un grave accidente que luego motivo el relato “Con una sola pierna”). También fue un hombre célebre que explicitó su homosexualidad (es verdad, en la etapa final de su vida) así como los abusos físicos y psicológicos que experimentó en la infancia mientras vivía (junto con su hermano) en una residencia para niños (graficados en la novela “El tío Tungsteno”) a la que eran enviados los niños de Londres para evitar los bombardeos en la segunda guerra mundial. Se puede afirmar que Oliver Sacks escribió dos autobiografías, una acerca de su dolorosa infancia (la mencionada Tio Tungsteno) y otra que contempla básicamente su vida adulta, “En Movimiento”). La vida de Sacks reúne dos características que confirman su importancia: es el tipo de médicos que influyen en un momento cultural más allá de la medicina (tiene lectores en todo el mundo, ha sido traducido a todas las lenguas, incluso se han hecho películas sobre su obra: “Despertares”, 1990 con las actuaciones de Robin Wiliams -como O. Sacks- y R. De Niro como uno de los pacientes (Leonard L.). Esté está aquejado de panencefalitis (o enfermedad del sueño), una enfermedad que mantenía ausentes y paralizados a los pacientes por décadas; la historia cuenta como Leonard “renació” transitoriamente con el uso de L-Dopa. El segundo elemento, por contraste, es que no es demasiado tenido en cuenta por los colegas, que lo ven más como “un escritor de divulgación”. Ambas condiciones suelen estar presentes en aquellos médicos de primer nivel que han trascendido la especificidad de su oficio. En la década de 1960, cuando tenía 27 años, Sacks viajo en los Estados Unidos. Es probable que su migración tuviese varias causas; laborales, académicas, pero también afectivas. En su casa natal dejaba a su hermano (Michael) con esquizofrenia y una convivencia dolorosa y quizá insoportable. En los Estados Unidos Sacks tuvo algunas historias de amor intensas y desgarrantes, y de hecho en 1962 cuando se separó de una de ellas (“Mel”) comenzó su contacto con las drogas de abuso. Era un medico joven, hijo de médico, bien parecido y con futuro, formado en la excelencia médica, algo así como la anti-postal de la persona que “caerá en las drogas”. Él mismo señala al respecto que se pasó a las drogas luego de sentirse “desesperadamente solo y rechazado”, como una especie de “compensación”. Durante dos años en San Francisco Sacks se embarcó en una doble vida riesgosa: “de lunes a viernes, me dedicaba a mis pacientes, pero durante los fines de semana me dedicaba al viaje virtual: los viajes que me proporcionaba el cannabis, las semillas de dondiego de noche o el LSD. Era un secreto que no compartía con nadie ni mencionaba a nadie”. Sacks experimentó con distintas drogas, es probable que sus lecturas de Baudelaire, Huxley, Poe y Moreau du Tours acerca de la experimentación con sustancias hayan influido en su conducta -inicial- de búsqueda de sustancias. Una de las primeras drogas que utilizo fue el Artane (trihexifenidilo), un medicamento que produce euforia y todo tipo de alteraciones sensorioperceptivas y que hasta la actualidad es un medicamento que utilizamos neurólogos y psiquiatras para tratar síntomas parkinsonianos inducidos o no por la medicación antipsicótica; y también es una de la drogas legales más buscadas por los pacientes que abusan de sustancias cuando están internados. Es una droga legal y con potencial alto de abuso, hecho que conocen los pacientes, los médicos y los enfermeros. En ámbitos de privación de la libertad es una moneda valiosa de intercambio para conseguir dinero o favores o todo tipo de cosas. Sacks conoció la mezcla de marihuana y anfetaminas y los siguientes cuatro años quedo “enganchado”. Sobre las anfetaminas dice: “no hay manera de dormir, rechazas la comida y todo queda subordinado a la estimulación de los centros de placer del cerebro” (el nucleo accumbens y otras estructuras subcorticales que Sacks conocía en términos teóricos a la perfección). De la mezcla de marihuana y anfetaminas él explica detalladamente en su autobiografía que pasa a utilizar metanfetaminas por vio oral y luego intravenosa (llega a inyectarse drogas como la morfina) y experimentó una novela alucinatoria durante más de doce horas sin interrupción y sin dimensión del paso del tiempo. Sacks llego a la conclusión, a la que arriban por cierto muchos pacientes en relación al consumo, que podía pasarse días enteros, semanas, incluso años en un estupor adictivo sin registro del espacio / tiempo. Ese episodio fue el primer y último de contacto con la morfina y los opiáceos. En relación a su consumo de anfetaminas, al igual que “las ratas de Olds” (en referencia a un experimento donde ratas se autoadministraban anfetaminas sin parar hasta morir de cansancio), él mismo se sentía como una de esas ratas subordinadas a ese placer mortal: “las dosis que tomaba eran cada vez más altas, y el corazón se aceleraba y la presión sanguínea llegaba a un extremo letal”. No importa la tragedia que relate Sacks, siempre hay una traza de humor en sus palabras y así fue hasta el día de su muerte. Sacks le asigna a su estado de consumo masivo de anfetaminas un rasgo distintivo, la insaciabilidad, nunca tenía suficiente y explica que el “éxtasis” (nombre de la droga de moda) de las anfetaminas era mecánico y autoeficiente, que no necesitaba nada ni a nadie para “completar” el placer y esencialmente era un sentimiento completo, aunque también vacío. Un hombre de agenda completa, un atleta, un ser voluptuoso, con un huracán de ideas en su cabeza, luego de varios meses de uso semanal de anfetaminas llego a experimentar el cuadro de dependencia que padece el más simple de los mortales: “todos los demás motivos, metas, intereses, deseos, desaparecían en la vacuidad del éxtasis”. Luego de estos fines de semana de consumo , llamados por él “fines de semana de droga”, Sacks volvía al hospital y según su propia percepción o memoria“ nadie se daba cuenta de qué había pasado el fin de semana “, omisión o ceguera que es de lo más habitual en relación a los médicos con problemas de consumo de sustancias (o afectados de cuadros psiquiátricos no evidentes); ya que nadie supone que pueden estar enfermos, desde la propia familia (Sacks vivía solo de todas formas y básicamente vivió solo toda su vida) hasta sus compañeros de trabajo. Es la maldición del médico enfermo, no tiene quién se dé cuenta de su gravedad y no tiene quién lo trate, y habitualmente logra convencer a todos de lo “bien que se encuentra”. En consumo de anfetaminas y mientras leía un texto sobre la migraña, Sacks revela un sentimiento de confusión que tienen muchos pacientes en consumo: se preguntó si él estaba leyendo o escribiendo el texto que tenía en sus manos. ¿Autor o lector? Muchos pacientes, bajo el efecto de drogas estimulantes, confunden los planes, las ambiciones y la fantasía creativa de sus mentes con el hecho material y pragmático de llevarlas a cabo. Sacks define este fenómeno de una manera simple: “había experimentado la sensación de llevar a cabo un demente ascenso a la estratósfera para regresar con las manos vacías y sin nada que enseñar”. Para 1966 Sacks, recientemente mudado de California a Nueva York, estaba consumiendo enormes cantidades de anfetaminas (él se autodefine para ese momento como un “impulsivo consumidor de drogas" dispuesto a probarlo todo) y experimentaba un cuadro psiquiátrico que el mismo se preguntaba como nominar: “¿estaba psicótico?, ¿maniaco?, ¿desinhibido?”. Lo cierto es que experimentaba alteraciones en su percepción directamente relacionadas con su consumo: “experimentaba un extraordinario agudizamiento del sentido del olfato y de mi capacidad de memoria e imaginería” relata Sacks. Confiesa haber estado cerca de probar el “polvo del angel” (fenciclidina o PCP) pero en lo que debería haber sido su fiesta iniciática, encontró varios intoxicados (personas inconcientes, hombres extrayéndose de la piel insectos imaginarios, mujeres en estado de rigidez catatónica) y tal escenario de alienación funciono como límite, al menos para esta sustancia. No es raro que algunos pacientes logren evitar enredarse con ciertas drogas y no puedan detener el consumo de otras. La fiebre de consumo brindó a Sacks momentos de éxtasis (muchos de los cuales sexuales), pero al mismo tiempo su derrotero tuvo consecuencias de diverso tipo, por ejemplo el haber iniciado en la vida de consumo a un compañero (llamado en la autobiografía Karl) que simplemente no pudo parar de drogarse hasta su muerte y, que incluso en las etapas finales se transformó en traficante. Sacks no sintió indiferencia frente a este hecho y de alguna manera se encargó de expresar en su escrito un sentimiento de culpa por lo sucedido. Algunas personas pueden alcanzar estados trascendentes (“los indicios de la inmortalidad”) a través de la meditación, mediante técnicas parecidas de inducción de trance, o con la oración y los ejercicios espirituales. Pero Sacks advierte que las drogas “ofrecen un atajo; prometen una trascendencia a la que puede acceder cualquiera”; estos atajos son posibles por la capacidad que tienen las sustancias de estimular directamente muchas funciones cerebrales complejas. Pero en rigor a la verdad, un porcentaje mayoritario de las personas no utilizan tanto las sustancias para “trascender” sino más bien por el sentimiento de placer y euforia que pueden experimentar. Para 1965, ya en Nueva York, Sacks ya no solo consumía anfetaminas los fines de semana sino que se trataba de un ritual diario. Como detalla en su autobiografía (En movimiento) su estado anfetaminico de excitación, por las noches era “contrarrestado” con la ingesta de hidrato de cloral que le permitía dormir al menos unas horas. Las alucinaciones (retratadas de manera extensa en su libro de título “Alucinaciones”) pasaron a ser parte de la vida cotidiana. Una mañana sentado en un café experimento lo siguiente: “mientras removía el café, éste se volvió repentinamente verde, y luego purpura. Levante la mirada asombrado, vi que un cliente que pagaba la cuenta tenía una enorme cabeza, como si fuera un elefante marino. El pánico se apodero de mí; dejé un billete de cinco dólares sobre la mesa y cruce la calle para coger un autobús. Pero todos los pasajeros parecían tener la cabeza blanca y tersa, como si fuera un huevo gigante y los ojos inmensos y relucientes como los ojos compuestos de los insectos…”. Una amiga médica (Carol) a quien Sacks telefonea le hace las dos grandes y simples preguntas que un psiquiatra (o un medico) debe hacer a un paciente en ese estado alucinatorio: 1) ¿Qué has tomado? y/o 2) ¿Qué has dejado de tomar? Sacks estaba tomando grandes cantidades de anfetaminas pero el hidrato de clorar se había terminado el día previo de forma imprevista y desencadeno aquellas alucinaciones terroríficas (un cuadro alucinatorio, con pequeños animalitos e insectos amenazando e intentando trepar por la piel del alucinado e introducirse en su cuerpo, que duro cuatro días seguidos, potencialmente mortal conocido como delirium tremens) que lo llevaron a pensar (cualquiera lo haría) que se había vuelto loco. Esta interpretación además tiene un profundo significado afectivo, teniendo en cuenta el diagnostico de esquizofrenia de su hermano. En ese momento Sacks venia tomando una dosis quince veces mayor de hidrato de cloral de la indicada como hipnótico, y la tomaba por supuesto de la farmacia del hospital, hecho recurrente en los médicos que abusan de sustancias. El perfil de Sacks para este entonces es el de un adicto a las sustancias adulto promedio: había empezado a perder días de trabajo seguidos con la excusa de que estaba enfermo, tomaba anfetaminas constantemente y comía muy poco, había perdido peso (35 kg en tres meses). En cierta situación de intoxicación, en un estado de excitación, muerto de miedo y con visiones terroríficas, Sacks se propuso al menos mantener un poco de control externo sobre la situación y no dejarse llevar del todo por el pánico y a pesar de estar acosado a pocos centímetros por “monstruos de ojos saltones que me rodeaban” decidió comenzar a escribir lo que estaba viviendo. “Describir la alucinación con detalles claros y casi clínicos y al hacerlo convertirme en espectador, incluso en explorador, no en la victima indefensa de la locura que había dentro de mí”. Ese es el valor de la escritura para Sacks, creación pero también salvación, y esta es la perspectiva que atraviesa todos sus escritos, ya sea clínicos o ensayos. Sacks escribía todo el tiempo y en cualquier lugar, en el techo de un auto, en la montaña, en el hospital. En este plano inclinado a la autodestrucción, Sacks tiene un momento de “lucidez” y admite la posibilidad de recibir ayuda. Los primeros intentos con un psicoanalista resultaron inútiles, puesto que asistía drogado a las entrevistas y señala al respecto: “cuando vas colocado de anfetaminas, todo es simple y superficial, y las cosas parecen avanzar con milagrosa rapidez, pero al final todo se lo lleva el viento y no deja huella”. En un segundo intento encontró a un analista (Dr. Shengold) quien advirtió a Sacks que ese espacio no funcionaría si él no dejaba las drogas y sentenció que las drogas lo llevaban “más allá del límite del psicoanálisis”. A una persona como Sacks, experto en levantar pesas y romper sus propias marcas, ese límite también funcionó quizá como desafío. Fue en este contexto que Sacks detuvo su consumo. Muchos pacientes no lo hubiesen logrado. Vale la pena señalar la intervención de este analista, conciente de la calesita mental y los juegos de palabras eternos y circulares de muchos tratamientos cuando el paciente está bajo los efectos de las drogas en “análisis”. Sacks continúo su análisis con ese terapeuta más de cuatro décadas y es probable que su gran afinidad con el psicoanálisis, le haya permitido imprimir al texto de sus casos un tinte de historial biográfico y narrativo, más parecido a los casos de Freud del siglo XIX que a los anodinos y fríos reportes de casos de la medicina actual. Sacks es uno de los ejemplos en donde el psicoanálisis ha funcionado como usina creativa y de curación; el mismo psicoanálisis que es degradado por muchos “científicos” escudados detrás de sus planillas y escalas y ratoncitos. El año 1966 es el año que Sacks le dedicó a dejar las drogas, y como la inmensa de las personas que intentan superar esta compulsión, fue una experiencia dolorosa, larga y casi insoportable. Uno de los grandes aciertos fue dejar su trabajo como científico de laboratorio (cuyo desempeño había sido errático) y pasar a atender “pacientes de verdad”. Como neurólogo Sacks se propuso estudiar como el cerebro encarna la conciencia y el yo y comprender sus asombrosos poderes de percepción, imaginería, memoria y alucinación. Muchas personas comprenden el nivel de su propia adicción cuando sufren en carne propia los efectos de la falta de la droga, el vacío, el deseo crudo y la dolorosa lucidez de los primeros tiempos de la abstinencia. Pero la experiencia de Sacks no es una historia lineal sobre un adicto que “toco fondo”, dejó las drogas y encontró la plenitud; porque el mismo se encarga de rescatar algunas experiencias “positivas “de su acercamiento con las sustancias, como ciertas alteraciones perceptivas y una fuerza creativa, que en su caso singular según el mismo, lo ayudo a escribir su primer escrito (Migraña). Con Sacks siempre se trata de matices y de poesía. Algunos sujetos que han sido golpeados dramáticamente por el consumo, en su interior guardan recuerdos agradables, extrañan el efecto de ciertas sustancias; y no son pocos quienes en su fuero íntimo piensan o creen que ciertas experiencias -bajo el efecto de las drogas- valieron la pena. Sacks no relativiza en ningún momento la gravedad de una adicción, explica que la mayoría de las experiencias alucinatorias son en su mayoría desagradables y, también da cuenta del impacto destructivo del uso de drogas en su vida, a tal punto que en más de una vez en su autobiografía revela que si lo las hubiese dejado habría muerto antes de llegar a los 35 años. Pero también es un convencido que las intoxicaciones, así como los procesos de enfermedad cerebral (sea una demencia, la enfermedad de Parkinson o una alucinación auditiva) son una puerta hacia lo desconocido, un complejo cuadro de desinhibición, que en ocasiones puede liberar o despertar la vida interior y la imaginación, así como potenciar ciertos sentidos. Es lo que Sacks llama en su libro “Un antropólogo en Marte” -la paradoja de la enfermedad-: “hay defectos, enfermedades y trastornos (el abuso de sustancias puede incluirse aquí) que pueden desempeñar un papel paradójico, revelando capacidades, desarrollos, evoluciones, formas de vida latentes, que podrían no ser vistos nunca, o ni siquiera imaginados en ausencia de aquellos. Es la paradoja de la enfermedad, en este sentido, su potencial creativo.” Sacks estaba convencido que en cada sujeto existe una “identidad positiva” que ha surgido tras algo calamitoso. No se trata de demonizar la sustancia o lavar la cabeza de quien consume sino más bien evaluar cómo se articula con el proyecto personal, con sus necesidades y con la propia verdad personal. Muchos tratamientos exitosos se producen con personas que añoran y extrañan el contacto con las sustancias (por mucho tiempo y quizá por siempre) pero que aceptan dolorosamente detener su consumo. Las pasiones humanas son un buen ejemplo, como aquella persona que está perdiendo la vida atrapada en un gran amor destructivo y acepta declinar esa relación, cuando todo indica; la piel, los músculos, la sangre, la saliva, los pensamientos, que debería continuar pase lo que pase. En 2015, en los últimos meses de su vida (murió a los 82 años), escribió tres artículos (“de mi propia vida”, “Shabat” y “mi tabla periódica”) que fueron publicados en el New York Times, donde relato su enfermedad y se despidió de su legión de lectores con palabras de agradecimiento y ternura. Se describe en estos últimos escritos como “una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención de todas mis pasiones”. Los artículos biográficos y las críticas literarias sobre Oliver Sacks se refieren lacónicamente a su experiencia y adicción con las drogas, hecho que fue central en su vida durante nada menos que cuatro años. A título personal que esa experiencia lo marco como hombre, médico y escritor. La adicción como proceso existencial en la vida de Sacks intuyo que ha producido dolorosas marcas, aprendizajes a fuego, cicatrices, momentos de éxtasis y un deslizamiento a un final trágico que pudo ser evitado a tiempo. ¿Qué salvó la vida de Sacks? La receta de él mismo es contundente: el psicoanálisis, la satisfacción del trabajo clínico como neurólogo (“cuando no trabajo me siento desamarrado, me invade una sensación de vacío y autodestrucción”), la escritura (fue bautizado por la prensa como “un científico de las letras”), los amigos y la buena suerte.
Federico Pavlovsky. Médico psiquiatra

Taller de Epistemología

Taller de Epistemología

Título: “El problema de las ciencias”
Subtítulo: “Una aproximación a la epistemología”
Docente: Prof. Oscar Cuervo - UBA
Duración: 5 clases de 2 horas y 15 minutos cada una
Días: Miércoles a las 19:30
Frecuencia quincenal
Inicio: Miércoles 8 de junio
Informes e inscripción a psiquiatrasenformacion@gmail.com


Esquema de cada encuentro: 90 minutos de exposición y 45 minutos de debate posterior con participación de los asistentes.
Obletivo: 
- Comprender los problemas de la epistemología del las ciencias con especial atención al problema de las ciencias sociales y su relación con las ciencias naturales. 
- Reconocer un panorama de las principales corrientes epistemológicas
- Caracterizar la filosofía como actitud de pensamiento y su relación con la tecnociencia.
Unidades:
1- Las ciencias y la epistemología. Relación y tensiones entre filosofía y saber. Tecnociencia.
2- El surgimiento de la ciencia moderna. La revolución copernicana y la preminencia de la física. El positivismo como dogma cientificista.
3- La epistemología positivista/cientificista. Popper y Kuhn.
4- El problema de las ciencias sociales. ¿Se usa la palabra “ciencias” en el mismo sentido en ciencia naturales y sociales? 
5- Ciencias: hechos, conceptos, símbolos y prácticas. Ciencia, política y filosofía. La ciencia como poder o como saber.


Bibliografía Obligatoria
Unidad 1: Autores varios, Para pensar la ciencia y la técnica, Editorial Fedun. Capítulo 1: Oscar Cuervo, “El saber y la filosofía”; Capítulo 2: Oscar Cuervo, “Ciencia y Epistemología”
Unidad 2: Autores varios, Para pensar la ciencia y la técnica, Editorial Fedun. Capítulo 4: “La revolución copernicana: un nuevo modelo del saber”.
Unidad 3: Autores varios, Para pensar la ciencia y la técnica, Editorial Fedun. Capítulo 7, Eduardo Laso, “Paradigmas y revoluciones cientíticas”; Karl Popper, La lógica de las ciencias sociales, Grijalbo, 1978.
Unidad 4: Autores varios, Para pensar la ciencia y la técnica, Editorial Fedun, Capítulo 8, Eduardo Laso. “Una introducción a la epistemología de las ciencias sociales”.  Michel Foucault, Marx, Nietzsche, Freud, Anagrama.
Unidad 5: Martín Heidegger, La pregunta por la cosa, Editorial Hyspamérica; Oscar Varsavsky, Ciencia, política y cientificismo, Capital intelectual, Capítulo 3.


Bibliografía adicional:
René Descartes, Meditaciones Metafísicas
Platón: Apología de Sócrates. Eudeba
Michel Foucault, El coraje de la verdad, FCE
Michel Foucault. Nacimiento de la biopolítica, FCE
Thomas Kuhn, La revolución copernicana. Hyspamerica
Thomas Kuhn, Estructura de las revoluciones científicas, FCE
Martín Heidegger, Conferencias y artículos, capítulos “La cuestión de la técnica” y “Ciencia y meditación”, Gredos.
Augusto Comte; Curso de Filosofía Positiva, Hyspamérica.

Solidaridad con residentes y concurrentes

El capítulo de psiquiatras en formación (PEF) se solidariza con los concurrentes y residentes de CABA y provincia de Buenos Aires quienes se han convocado en el día de la fecha con el fin de reclamar por mejoras en las condiciones laborales.

¿Por que es terapeútico el grupo? Por Diana Kordon

¿Por que es terapeútico el grupo? 
Por Diana Kordon.
En Foro Temático Interinstitucional "Terapias Grupales. Lo vincular"  en el marco del XXXI Congreso Argentino de Psiquiatría de APSA

AGENDA PEF EN EL XXXI CONGRESO ARGENTINO DE PSIQUIATRÍA


AGENDA PEF EN EL XXX CONGRESO ARGENTINO DE PSIQUIATRÍA


Encuentra aquí la lista de actividades que los integrantes del PEF tienen preparadas para el Congreso en Mar del Plata.


Miercóles 27 de abril


14:30 a 15:30
Mesa Redonda
Salón Atlántico A
Encrucijadas y Paradojas: Experiencias y desafíos en torno a la aplicación de la ley de protección a la Salud Mental.
Organizado por: PEF - Filial APSA Córdoba
Coordinador: Mauro Cura
Disertantes: Pablo Luis Cumini, Gabriel Danilo Ensabella, José Fernando Valenzuela



Jueves 28 de abril

09:00 a 10:15

Mesa Redonda
Salón de las Américas
La palabra, el lenguaje y sus juegos: conceptos lingüísticos en la atención psicoterapéutica.
Coordinador: Maximiliano Luna
Disertantes: Héctor Máximo Luna, Guillermina Olavarria, Leandro Oural


09:15 a 09:30
Comunicación científica
Salón Boulevard 1
Evaluación de simulación de enfermedad mental en el ámbito laboral.
Autor/es: Matías Salvador Bertone, Ulises Loskin
Presentador: Ulises Loskin

10:30 a 12:00
Simposio Nacional
Courrier Atl.
Violencia de género. Aportes e intervenciones clínicas posibles
Capitulo de Salud Mental de La Mujer
Presidente: Silvina Mazaira - Secretario: Graciela Girardi
Disertantes: Nora Leal Marchena, Mariana Palazzini, Laura Dolores Sobredo, Diana Zalzman

11:30 a 12:45
Simposio Internacional
Salón Atlántico 2
Ateneos Federales PEF. Una experiencia de 5 años.
Organizado por: Capítulo de Psiquiatras en Formación
Presidente: Mariano Furman - Secretario/a: Griselda Cardozo
Disertantes: Humberto Casarotti, Walter Pereyra, David Gerardo Sobol

12:00 a 13:30
Simposio Nacional – Salón Atlántico C
¿Ayuda el psicoanálisis personal a la formación de un psiquiatra hoy?
Organizado por: Sección Psicoanálisis de WPA, APA, APSA, PEF
Presidente: Rafael Groisman - Secretario/a: Graciela Beatriz Onofrio
Disertantes: Alberto Cabral, Nicolás Kitroser, Graciela Beatriz Onofrio, Juan Eduardo Tesone

18:00 a 18:15
Comunicación científica
Salón Boulevard 1
Observatorio de Farmacovigilancia: resultados preliminares, impacto social e importancia en la formación.
Organizado por: Capitulo de Psiquiatras en Formación
Autor/es: Emilce K Blanc, Mariano Furman, Guillermo Jemar, Nahuel Magrath Guimet, Martin J. Mazzoglio y Nabar, Alexis Mejías Delamano,
Milagros Muñiz, Santiago Muñoz
Presentador: Martin J. Mazzoglio y Nabar

18:30 a 20:00
 Simposio Nacional
Salón Atlántico B
Resolución de situaciones clínicas. Articulación de la Clínica con la Farmacoterapia.
Organizado por: Capítulo de Psiquiatras en Formación y Capítulo de Psicofarmacología
Presidente: Mariano Furman - Secretario/a: Rubén Barenbaum
Disertantes: Matías González Alivi, Mario Levin, Leandro Piedimonte, Rodolfo Zaratiegui

                


Viernes 29 de abril

10:30 a 10:45
 Poster
Prevalencia de síndrome de burnout en psiquiatras y psiquiatras en formación de la República Argentina.
Organizado por: Capítulo de Psiquiatras en Formación
Autor/es: Diana Milena Berrio, Carolina Diez, Julieta Falicoff, Mariano Furman, Martín J. Mazzoglio y Nabar, Viviana Peskin,
Florencia Reynoso, Carina Spano
Presentador: Milagros Muñiz


11:00 a 11:15
Poster
Inundaciones en Santa Fe: El quehacer en Salud Mental frente a una problemática recurrente.
Organizado por: PEF Santa Fe
Autor/es: María de las Mercedes Baratti, Melisa Mattioli, Leticia E. Morales, Emiliana Ravasio
Presentador: Melisa Mattioli


12:00 a 13:30
Mesa Redonda – Courrier Boulevard
Un psicofármaco a la vez: Experiencia del estudio grupal en la formación en pos de una mirada crítica.
Organizado por: Capítulo de Psiquiatras en Formación
Coordinador: Nicolás Orlando Bordón
Disertantes: Teresa M. Burry, Flavio Guzmán, Bernabé Ibáñez


16:00 a 16:15
Comunicación científica - Salón Boulevard 1
Algunas ideas propias, pero sobretodo ajenas, sobre apropiación y restitución.
Presentador y Autor: Ely Stacco

18:30 a 21:00
Curso – Salón Rambla 3
Situaciones clínicas complejas en la consulta psiquiátrica de mujeres.
Organizado por: Capítulo de Salud Mental de la Mujer
Director: Silvina Mazaira - Secretario/a: Mariana Palazzini
Docentes: Graciela Girardi, Laura Dolores Sobredo, Diana Zalzman

19:00 a 19:30 
Presentación Libro
Psicofarmacología en esquemas aplicada a patologías clínicas particulares.
Autor/es: Emilce K Blanc, Maximiliano Boisselier García, Andrés Díaz Lucero, Nahuel Magrath Guimet, Martín J. Mazzoglio y Nabar,
Alexis Mejías Delamano, Milagros Muñiz, Santiago Muñoz

Presentador: Martín J. Mazzoglio y Nabar

19:30 a 20:45
Mesa Redonda  - Salón Atlántico 2         
Foucault y el campo psi: Análisis de la práctica psiquiátrica desde un enfoque Foucaultiano.
Organizado por: Filial APSA Córdoba
Coordinador: José Fernando Valenzuela
Disertantes: Pablo Luis Cumini, Santiago Moine, Alberto Sassatelli






Sábado 30 de abril

09:00 a 10:15
Mesa Redonda – Courrier del Atlántico
Estabilizaciones en las psicosis, más allá de la medicación.
Organizado por: PEF - Filial APSA Córdoba
Coordinador: Carolina Goldman
Disertantes: Griselda Cardozo, Pablo Luis Cumini, Mariano Madera

12:00 a 13:30
Simposio Nacional – Salón Atlántico B  
La dimensión psicoterapéutica vs. la dimensión psicotraumática de la intervención médico legal
en el ámbito Judicial.
Organizado por: Sección Psiquiatría Legal y Forense de APAL
Presidente: Rafael Groisman - Secretario/a: Julieta Falicoff
Disertantes: Julieta Falicoff, Maximiliano Luna, José María Martínez Ferretti, Federico Pavlovsky





La banalización del mal por Dr. Federico Pavlovsky

La banalización del mal
Dr. Federico Pavlovsky. Miembro fundador de PEF

1) En las últimas horas en la guardia del Hospital Fernández varios pacientes en grave estado cursan un cuadro caracterizado por hipertermia, hipertensión arterial, deshidratación, fallas renales severas, arritmias cardiacas y deterioro del sensorio. Están intoxicados. Algunos de estos jóvenes han muerto y otros están seriamente comprometidos. Mientras escribo esta ficha, el domingo 17 de abril del 2016, una noticia impactante recorre todos los medios de comunicación nacionales e internacionales; en la fiesta electrónica Time Warp que se realizó en el complejo Costa Salguero, una cantidad aún no establecida de personas se intoxicaron (con una droga aún no definida pero que posiblemente sea éxtasis), cinco personas murieron y otras cuatro están internadas en este momento. En la vorágine del minuto a minuto y del consumo de bienes masivo en el que vivimos, esta noticia pasará a segundo plano en pocos días. Así es el negocio de los medios de comunicación, mantener vivo al espectador, que no se aburra y que consuma el producto. Un caso o una situación es dramática y masiva y aparecerá en todos los medios por muchos minutos hasta saturar la pantalla y simplemente desaparecerá reemplazada por una imagen o secuencia más atractiva. Pero necesitamos hacernos algunas preguntas, reflexionar, no permitir que este tipo de situaciones pasen de largo. Uno de los mayores logros de un tratamiento psicoterapéutico es la posibilidad de desarrollar nuestra capacidad de escándalo frente a las injusticias, las asimetrías y ante aquello que nos subleva; salir de la situación de impotencia y hacer algo con todo ese enojo. Escandalizarnos es terapéutico, gritar fuerte que hay cosas que nos horrorizan, que nos perturban, que nos molestan, que no estamos dispuestos a aceptar. Un hecho dramático, que se puede llevar incluso más vidas en las próximas horas, nos une para reflexionar sobre nuestra propia vida y sobre la realidad social en la que vivimos.
2) El sistema hipócrita: estamos viviendo en un clima social en donde existen infinitos ámbitos de consumo de sustancias, siendo el abuso de alcohol el problema número uno en términos de salud pública, ya sea por las enfermedades médicas que genera así como por las situaciones de violencia que favorece, así como los accidentes de tránsito. El alcohol es quizá la sustancia de mayor difusión en términos de propaganda y aceptación social, desde la mañana hasta a la noche los medios gráficos y televisivos inundan con lemas sugerentes y atractivas propuestas donde tomar es ser “distinto al rebaño”; “ser parte”; “ el sabor del encuentro”,etc. Una de las drogas más destructivas es una sustancia aceptada, difundida, bien recibida. En el marco de la experiencia terapéutica para muchos pacientes el alcohol no es una droga, de hecho algunos interpretan que pueden tomar alcohol y eso no les genera un riesgo significativo ni les causa un problema en términos de riesgo de recaída. Esos pacientes, equivocados en ese razonamiento, reproducen el discurso del mercado publicitario: -“El alcohol no es un problema, se puede controlar y el consumo puede ser “responsable”, término de lo más original que emplean en los últimos años las compañías para intentar mostrar algún nivel de preocupación al respecto de la epidemia social de abuso de alcohol. El sistema operativo empresarial-narcotrafico-político-juridico-policial-publicitario-cliente, se va agrandando cada día, se nutre recíprocamente con el dinero de las dadivas, de los arreglos ocultos, de la ilegalidad y de indiferencia civil, por miedo, por impotencia o por ignorancia. Sobra el dinero para estas acciones (sea difundir y vender drogas legales o ilegales) y sobra demanda, toda una generación está en consumo.
3) Una generación en consumo: que se juega la cabeza, que “vuela” por algunas horas para luego caer en la apatía, el aburrimiento, la falta de proyectos, esa “falta de proyectos” que poco tiene que ver con la falta de dinero, sino con un vacío que toda persona puede sentir. El último informe elaborado por el Observatorio Argentino de Drogas de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), daba cuenta de una tendencia alarmante en la magnitud del consumo de éxtasis entre jóvenes de 14 a 17 años durante el período 2001-2011. En diez años, la prevalencia de uso durante la vida pasó del 0,2% al 2,1%, un aumento de casi mil por ciento. La Sedronar en su encuesta realizada en el año 2014, el consumo de drogas sintéticas entre estudiantes porteños trepó al 2.4 %, y si se analiza la población etaria de estudiantes mayores a 17 años, alcanzó en esa encuesta el 5 %. Algunas de estas personas seguirán el derrotero doloroso del paciente “adicto” pero todos estarán tocados y lastimados por el consumo, incluso sea esporádico y “recreacional”. El sistema es hipócrita porque por un lado persigue penalmente a los tenedores de sustancias (vigencia de la Ley de estupefacientes 23.737; 1989) y por el otro permite la venta masiva de drogas ilegales en el ámbito específico de las fiestas electrónicas. No hay que ser agente del contraespionaje para saber que son ámbitos de consumo alienado y masivo. Esto no niega que tengan valor cultural, social o festivo, pero vienen de la mano del consumo indiscriminado; y se espera que en los próximos años sean las drogas de diseño quienes se lleven el primer puesto en términos de epidemiologia de drogas de abuso. Es socialmente conocido que en estas fiestas se consumen “drogas de diseño”; sobran artículos, crónicas periodísticas en primera persona y reportes médicos de intoxicaciones severas y de muertes (porque estas no son las primeras). Pero las fiestas son un suceso (local y mundial) y convocan a miles de personas en cada evento, se escucha buena música y tienen importancia cultural y económica. ¿Sería una solución prohibir las fiestas? La mirada represiva sobre las conductas de abuso no ha resultado particularmente fructífera, de hecho hay casi una relación inversamente proporcional entre la punición de conductas de abuso y prevalencia del uso. Al mismo tiempo, ¿es posible dejar las cosas así cómo están?
4) La visión “hiperespecializada” no sirve de nada: En este tipo de situaciones de consumo social y masivo, la toxicología, la psiquiatría y la psicología como especialidades se quedan miopes y se requiere una visión sociopolítica y antropológica, porque no estamos frente a una adicción de un sujeto en particular, sino a un hecho social con aristas económicas, políticas, médicas y otras tantas. No alcanza la lógica de una disciplina para entender lo que pasa. Es probable que los propios consumidores, los que van a las fiestas sin consumir esas drogas, quienes las organizan y todos los eslabones que participan en estos eventos conozcan el problema de primera mano. Aquellos que organizan estos eventos plantean el tema como una ecuación económica y saben perfectamente que el consumo de sustancias forma parte del combo festivo que organizan, sean ellos o no parte del sistema de venta. Se aseguran que haya agua mineral, tienen los teléfonos a mano de SAME, saben reconocer las intoxicaciones e incluso algunos de estos empresarios contratan a médicos para tratar los primeros síntomas de intoxicación en las fiestas y dar los primeros auxilios en caso que se produzca alguna situación compleja. Así de perverso es el sistema, se organiza una fiesta donde se sabe que se venderán en forma masiva drogas de diseño (que cada año son distintas, con nuevos nombres, modificaciones moleculares, y efectos distintos), se comercializa la hidratación (como una fuente central de ingresos) y se contratan servicios médicos para ayudar a las personas intoxicadas.
5) La banalización del mal: la expresión “banalidad del mal” fue acuñada por Hannah Arendt a propósito de su estudio sobre Adolf Eichmann (jerarca Nazi que vivió en la Argentina, responsable del diseño de la “solución final” para matar a millones de judíos en la segunda guerra mundial.) La tesis de Arendt es que Eichmann es el prototipo de persona, que no siendo un monstruo (aunque si culpable), es una especie de técnico burócrata administrativo que toma una serie de decisiones encadenadas cuyo desenlace final es un acto monstruoso. Son decisiones técnicas, sin pasión, diseñadas y cumplidas para satisfacer objetivos parciales en forma plena, que involucran a varias personas, donde cada una es responsable de una de ellas. Cada uno cumple con un deber específico y se diluye por un lado la responsabilidad individual de cada uno así como la percepción del producto final. Eichmann, uno de los más grandes ingenieros de la mayor masacre humana de la historia, estuvo bastante convencido hasta el momento final que él había cumplido ordenes, que era un trabajador eficiente y ordenado y que no deseaba específicamente el mal de nadie. Según Arendt, estos actos de Eichmann no fueron realizados porque el estuviese cargado de una inmensa capacidad de crueldad, sino más bien por ser un burócrata dentro de un sistema basado en los actos de exterminio. La “banalización del mal” es una expresión que señala que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos ni se preocupan por las consecuencias. Vivimos en un sistema que “banaliza el mal”, porque frente a una tragedia social, cada sector da las explicaciones del caso para salvar su pellejo pero finalmente nada cambia o incluso empeora progresivamente. No se trata de encontrar grandes malvados o responsables únicos, se trata de escandalizarnos, de no banalizar la tragedia social que se está viviendo y que afecta en particular a personas menores de 25 años, que mueren o dañan sus vidas frente a la indiferencia y complicidad del resto de la sociedad.
6) La muerte de estos jóvenes es la punta del iceberg, esta noticia seguramente pasara al olvido así como pasan al olvido, excepto para sus familias, las victimas de boliches que se han incendiado, de Cromañon o los jóvenes que mueren dentro o a la salida de cada fiesta. Estas víctimas con nombre y apellido son el sedimento de una problemática social dramática que ocurre todos los días, lo notable es que no existan más muertes todos los días. A diario las guardias de los hospitales están repletas de cuadros de intoxicación con sustancias y alcohol, pero son más o menos transparentes frente a la opinión pública. Las victimas mortales (y sobre todo cuando se trata de personas con poder adquisitivo) acaparan la atención por unos días. Diarios, revistas, televisión, especialistas de drogas, sobraran opiniones. Estamos frente a un sistema aceitado con componentes bien lubricados: un clima social permisivo al uso de sustancias, una generación de jóvenes a la búsqueda de nuevas sensaciones descreída de todo y de todos (muchas veces también de su propia familia), campañas de prensa feroces y creativas (muchas veces diseñadas por jóvenes brillantes) que calan profundo, un escenario atractivo y convocante (las fiestas), propagandas con recursos financieros enormes, una actitud bipolar de las autoridades que oscila entre la persecución penal a quien posee sustancias para uso personal, hasta la indiferencia más notable, donde permite que todo ocurra y que “cada uno se salve” o que se salve “el más fuerte”, porque esa es la ley de la calle. El local estaba “habilitado” por el GCBA: había electricidad, metros cuadrados, plan de evacuación, luces de emergencia, etc. Todo listo para una nueva tragedia. Aquello que se “habilita” es la misma maquinaria de consumo, no se trata de ventanas, grupos electrónicos o aires acondicionados. Todo el mundo sabe que un porcentaje mayoritario va a consumir drogas de diseño y aquellos que van a la fiesta solo a “divertirse”, a “pasar un rato escuchando buena música”, al menos dejen pasar unos días para dar su testimonio a favor de este tipo de fiestas. Han muerto cinco personas y otras tantas están en riesgo de vida. No está mal que focalicemos en la tragedia que acaba de ocurrir.
7) La maquinaria de consumo, apelar a la “responsabilidad individual” es obsceno porque estamos hablando de personas que muchas veces ni siquiera saben lo que toman, porque existe lo que se denomina “presión social” en relación al consumo, porque existe un imaginario colectivo que indica que en estas fiestas se toma éxtasis (como ejemplo paradigmático) y ese contexto forma parte de la invitación o la propuesta. No estará escrito en la entrada, nadie lo dirá explícitamente, pero todos lo saben y aceptan. Es una arista del negocio. Un porcentaje importante (difícil de determinar) de personas asisten a la fiesta con la idea de escuchar música, bailar y estar bajo el efecto de estas sustancias. No todas las personas van a consumir por supuesto, estamos hablando de un porcentaje de las personas que asisten, pero lo suficientemente significativo para que en una noche mueran cinco al mismo tiempo y otros tantos estén en grave estado. Toda maquinaria de consumo arrasa a subgrupos, no es uniforme, algunas personas tienen más herramientas que otras para decir NO. Pero esto no niega la existencia de una maquinaria de consumo que está devastando la vida de una generación. Es importante aclarar que no estamos hablando solo de las fiestas electrónicas (quizá la maquinaria más pulida en términos de aquellos que llamamos “maquinaria de consumo”), sino de la “fiesta” como hecho social actual en donde el nivel de consumo es gigante de todo tipo de drogas y chicos de 15 años se descerebran con alcohol en principio y con el resto de las drogas estiradas, contaminadas con nadie sabe que otras sustancias. Es una maquinaria, un dispositivo del mercado, es una herramienta de aniquilación social disfrazada de disfrute y es un gran negocio. Una radiografía sobre los engranajes de la maquinaria de consumo: a)legiones menores de 30 años en su mayoría danzando frenéticamente por periodos de tiempo que promedian las 8 a 12 horas sin parar, deshidratados, en un porcentaje mayoritario en consumo; b) se requiere mucho dinero para ser parte de la experiencia (el gasto final de una noche promedio es impresionante); c) incluso en forma contraria al folklore popular que las drogas de diseño no deben mezclarse con alcohol muchos jóvenes simplemente lo hacen; d) la estratégica hidratación es un negocio clave: los testimonios de la fiesta señalan desde que no había agua hasta que las personas de seguridad prohibían la recarga en botellas, obligando al público a comprar botellas en la barra. El agua que se vendía además no era mineral sino filtrada, o sea de la canilla; d) los usuarios de drogas de diseño de estas fiestas no saben lo que están tomando ni el perfil toxico de la droga; e) la noche de ingesta de drogas de diseño termina en muchos casos (sino todos) con la toma de psicofármacos, ansiolíticos o antidepresivos, e) la población de usuarios es cada vez más joven, de hecho uno de los internados hoy en día tiene 17 años; f) el “ambiente” condiciona el consumo: no solo desde el punto de vista toxicológico (al aumentar el calor y la sed por ser un lugar cerrado y con miles de personas), sino también que la propuesta escénica, el ámbito y los distintos ceremoniales están articulados con el hecho de consumir sustancias. Esto lo saben de memoria las personas que se dedican al marketing: el ambiente condiciona el consumo, g) si bien hay pastillas importadas y locales, en el calor de la noche “los chicos toman cualquier cosa”; h) en la fiesta la venta de sustancias es libre, sin reservas, decenas de dealers ofrecen sus productos a la vista de todos, es un espacio amigable avalado directa o indirectamente por la organización, i) aquellos que proponen la “reducción de daños” (profesionales y asociaciones) y que han llevado a cabo en el pasado intervenciones en muchas fiestas (alertando y concientizando sobre el uso de las drogas), no encuentran lugar en estos eventos porque implicaría para los organizadores reconocer que allí se usa sustancias. Nadie explica, los dealers venden, nadie sabe lo que toma, la música sigue y uno tras otros se van cayendo al piso. The show must go on (el show debe continuar); j) el rol de los padres esta desdibujado, padres “anestesiados”, impotentes y confusos que avalan en silencio y con una tolerancia hueca aquello que está destruyendo la vida de sus hijos.
8) Frente a la tragedia social del consumo, distintos actores tienen responsabilidad en diverso grado; las autoridades políticas y sanitarias, los empresarios “de la noche”, los medios de difusión y sus campañas de prensa y también las familias. Que mezcla horrorosa: una sociedad rota en sus lazos vinculares, generación que abraza abiertamente el uso de sustancias en un uso de las mismas singular: quizá no sea dependencia, tampoco es experimental, tampoco recreativo….. es un uso sistemático, ligado a muchos contextos y que provoca deterioro pero que no es fácil de describir desde la perspectiva médica o psicológica. Es un uso “social” pero no entendido por eso el uso esporádico, sino que es el uso de una sustancia en un escenario social específico y para usos sociales. Esta maquinaria de locura, descontrol y alienación debe ser problematizada en forma simultánea desde distintos frentes. No podemos señalar a ningún culpable, no podemos resolver el problema solos, ni siquiera se trata de un hecho médico que se va a resolver “con el tratamiento adecuado”. Pero que el problema sea complejo no significa que miremos como sociedad para otro lado y que el juego de autoeliminación social continúe.
9) Entonces por un lado tenemos la maquinaria de exterminio del consumo y por el otro una población, a la búsqueda de sensaciones y con la triste omnipotencia “que nada les pasara”. Es más, en las redes sociales en este mismo momento hay muchas personas que van a estas fiestas señalando con mayor o menor sarcasmo que los chicos que se murieron eran “consumidores torpes” que no sabían tomar. También la mujer violada tiene la culpa de la violación porque tenía una pollera “demasiado corta”. Detenernos en la responsabilidad individual es quedarnos con la víctima, que ya ni siquiera se puede defender. No, existe la maquinaria de consumo y esta se seguirá llevando vidas en términos literales y arruinando masivamente otras, porque el uso de sustancias arruina vidas a corto y sobre todo a largo plazo. Uno de los mayores enigmas y conflictos que tenemos aquellos que atendemos a pacientes en consumo es la falta de registro (genuina) que tienen ellos mismos sobre su condición. Para evitar una tonta polémica, me refiero incluso a cuadros con adicciones crónicas graves, en donde la persona adicta no llega a entender la dimensión de su problema y hasta se sorprende por la preocupación de los demás. Estamos hablando de un problema cognitivo que los neurólogos llaman anosognosia, o la falta de registro de un déficit o una enfermedad que el paciente tiene. Uno de los principales síntomas mentales que tiene un paciente con uso problemático de sustancias es su falta de percepción de la gravedad de su consumo. ¿A este usuario de drogas le vamos a pedir que se cuide?; ¿que el ponga el límite de cuándo parar?; ¿que sepa distinguir que droga puede o no tomar o como debe cuidarse?; a esta persona en el caso de las fiestas rave le vamos a pedir que después de bailar por 8 a 10 horas, este lucido para distinguir signos de toxicidad y pida ayuda médica?
La sociedad está matando a estas personas. Por acción, por omisión, los está matando.
10)La anosognosia del usuario de drogas se complementa con la anosognocia social, porque no registramos nuestro déficit. Actuamos compulsivamente con angustia y horror y esta misma noche estaremos mirando el resumen de goles de la fecha y armando nuestra agenda de prioridades para esta semana. Distinto será el panorama familiar en las familias que acaban de perder a un hijo, destrozadas, en silencio, con gritos, sabrán de que se trata la banalización del mal. Sabrán que no estoy exagerando, que vivimos una tragedia donde muchos sonríen y disfrutan de la banda de música que sigue tocando.
Es la banda del Titanic y el agua asoma.
Dispositivo Cordoba​

Ante la tragedia de Costa Salguero

Ante la tragedia de Costa Salguero
Una vez más estamos lamentando la muerte de jóvenes. Una vez más estamos ante una tragedia evitable.
Paso en Costa Salguero, puedo ser cualquier otro lugar del país.
Como en Cromagnon, como en otros "boliches", la falta de la presencia del Estado en términos de protección, y cuidados se ha hecho sentir y se ha cobrado nuevas víctimas fatales y un número mayor de perjudicados directos e indirectos, cuyas consecuencias traumáticas aún no las conocemos.
Ante la vista de la Sociedad ha quedado al descubierto una Cultura de Consumo generalizado, que impulsa a sostenerse en sustancias diversas para "rendir", "ser eficaces". No es solo algo de los jóvenes, basta mirar cualquier botiquín en las casas, para comprobar cuanto también involucra a los adultos.
Pero sin dudas, se vuelve dramática cuando ese llamado a la "autonomía", al "individualismo", se traslada a la escena de jóvenes que la encarnan en la ""fiesta", y mientras bailan, ven caer al "otro", y siguen bailando, hasta que el ciclo que liga su "bienestar" al objeto de consumo - sintetizado según la lógica del mercado-, lo derrumba también.
Pero, queremos ser claros estos jóvenes son un síntoma social, con responsabilidades, pero ahora ante todo víctimas, son la punta del iceberg de una política sanitaria y social insuficiente, nunca bien programada desde el Estado, donde el paco es un dato irrefutable, pero las "previas" y las fiestas "electrónicas" también lo son, como signo de los problemas de consumo actuales que atraviesan a todas las capas sociales.
Tambien, no queremos dejar de resaltar que frente a los discursos que tienden a descalificar la presencia del Estado y desfinanciarlo, se ha demostrado nuevamente que a la hora de las catástrofes y el trauma individual y social, es el SAME y sus ambulancias, y la atención en Hospitales Públicos, a donde se recurrió para implementar una respuesta a la altura de la emergencia que se vivía.
En conclusión, APSA se solidariza con las víctimas y familiares, comprometiendo como siempre ayudar y colaborar en estas situaciones traumáticas, desde los diferentes ámbitos en lo que se desempeñan sus miembros. Pero también pensamos que la visión "especializada" es una parte de la solución, que en este tipo de situaciones de consumo social y masivo, la toxicología, la psiquiatría y el campo de la Salud Mental, son importantes, pero que se requiere una visión sociopolítica y antropológica. No estamos frente a una adicción de un sujeto en particular, sino a un hecho social con aristas económicas, políticas, sociales, médicas, que solo una política de Estado puede llegar a articular y organizar.
En definitiva, no queremos mas victimas, proponemos por parte del Estado una respuesta Sanitaria y Social frente al problema de las drogas y el consumo, que debe tomar la Salud Pública como su prioridad, realizar medidas de información, de protección de daños, y financiar los recursos humanos y físicos necesarios para empezar a resolver este grave problema.


Comision Directiva